Por Cristobal
El diario La Tercera de hoy en su cuerpo de reportajes, página 16, publica hoy una entrevista a Melvin Hinich, profesor de la Universidad de Texas, doctor en estadísticas quien es el creador de la “teoría espacial del voto”. Bien resumido, la teoría plantea que la gente vota en más de una dimensión. La primera de ellas es la definición del votante con un sector determinado del espectro izquierda-centro-derecha. La segunda dimensión esta definida por ideas que impulsan al votante a elegir a uno u otro candidato. En ocasiones, una persona que se autodefine como de derecha puede votar por un candidato percibido como de izquierda y vice-versa, lo que ocurrirá dependiendo de la fuerza que tenga en el debate nacional (y específicamente para un elector) temas como la delincuencia, la cesantía o el cambio.
En la entrevista, Hinich sostiene que la primera vez que la teoría espacial del voto se pudo apreciar en Chile fue en la elección de 1999, donde Lavín logró imponer la idea de la necesidad del cambio por la profunda corrupción del gobierno. Astutamente, Lagos optó por empujar el debate hacia la primera dimensión del voto, definiendo la elección como una batalla de derechas versus izquierdas.
En la actual elección, la teoría espacial del voto recobra fuerza y logra explicar lo que las encuestas han venido mostrando como la tendencia. En el último tiempo los votantes han comenzado a alejarse de las etiquetas izquierda-centro-derecha por encontrarlas vestigios del siglo pasado, poco modernas y que difícilmente los explican en la complejidad de sus juicios e ideas.
La candidatura de Marco Enríquez-Ominami se explica entonces por que es la que encarna esta nueva forma de pensar y de votar. La misma encuesta CEP de Octubre pasado indica que casi el 30% de los votos “marquistas” votarían por Piñera en segunda vuelta en el caso que el empresario enfrentara a Eduardo Frei. La irrupción de Marco no hace más que verificar una realidad. Hoy los chilenos no votamos impulsados por esa división, a ratos odiosa, entre izquierdas y derechas. Muchos de los votantes prefieren definirse como personas de centro (nunca he tenido muy claro que significa eso) ajenos a la dicotomía histórica.
Por eso resulta casi un imposible para muchos, entender cómo Marco logra seguir en carrera y ser competitivo a pesar de los constantes ataques a su candidatura respecto de la falta de equipos y poca preparación. Los expertos electorales han olvidado que el carisma y la mirada de futuro que a impuesto Marco en el debate nacional es lo que le ha granjeado la mayoría de sus votos. El hecho de mostrarse ajeno a las odiosidades típicas de los políticos de siempre (de antes) ha llevado a Marco a recibir en su candidatura a asesores y adherentes de derecha y de izquierda, quienes conviven en un arcoiris que recuerda mucho más a la Concertación del ’88 que a la desgasta y grisácea Concertación modelo 2009, concertada solo para “derrotar a la derecha”, lo que para Piñera es una tarea poco noble (confieso que para mi también).
Marco entendió, muy temprano en esta carrera, que la gente no quiere esperar más. Las promesas incumplidas y el paso cancino de las reformas de los gobiernos concertacionistas será una carga demasiada pesada para Frei y sus secuaces que no le permitirán llegar a la segunda vuelta.
Lo ocurrido esta semana con la inclusión en la franja de Piñera de una pareja homosexual nos indica que el candidato de la Coalición por el Cambio entendió también que debe derribar las barreras que impiden a la derecha tradicional chilena ser mayoría. Una mayor apertura al diálogo, especialmente en temas de fuerte carga valórica, sólo puede hacerle bien al país. Pero Piñera llega segundo. Marco fue la primera candidatura que puso el tema en el debate y que se abrió a la inclusión de los mejores, sin importar su orientación sexual. De todas formas, vaya el reconocimiento para el candidato de la Isa al doblarle la mano a los Coloma, Kast y Larraín que no cesarán en su intento por continuar excluyendo a las minorías de nuestra sociedad.
La necesidad de cambio es evidente, pero qué tipo de cambio queremos es el fondo del asunto. Yo quiero un cambio que nos lleve hacia un país más inclusivo y tolerante, más respetuoso de la diversidad de su gente, con menos discriminación, mirando hacia el futuro sin olvidar su pasado. No veo en Piñera y quienes lo rodean ese espíritu, esa receptividad con los problemas de los demás. Percibo en él ciertas actitudes poco sensibles y que intenta desesperadamente por ocultar. La mejor muestra de ello es el episodio vivido esta semana en el aeropuerto de Santiago donde no aceptó hacer la misma fila que cientos de usuarios hicieron (entre ellos MEO) para abordar un avión. No es que critique este episodio en particular, si no que lo sucedido nos sirve para entender al candidato y su forma de ver la vida (recuerdan su episodio en Puerto Montt?).
Marco, como dice su franja, es de verdad, sensible a las dificultades y sueños de la gente. Es el único candidato capaz de capitalizar su discurso renovador por que no tiene deudas por saldar ni con Coloma ni con Escalona (verso!) y sabemos muy bien que esos acreedores no perdonan. Marco representa lo que busca Chile, un país más tolerante y respetuoso por la gente, donde los gestos y los símbolos si son importantes. Lo que hace una candidato es tan importante como lo que dice y les tocará a los electores decidir quien es el más apto para guiar a Chile hacia un país más justo, solidario, inclusivo y participativo. Esta es la segunda dimensión del voto que me impulsa a marcar por MEO el 13 de diciembre. Lo invito a usted a dejar atrás esa dualidad del pasado y poner los intereses del país por delante, más allá de izquierdas o derechas.

¿Recuerdan cuando hace varios años atrás el entonces presidente Ricardo Lagos incorporó a la política nacional a la señora Juanita? Lo hizo para ejemplificar ciertas reformas y políticas estatales que se hacían más cercanas a la gente a través de la personificación en un ser de carne y hueso. Yo hoy vengo a ofrecer mi ejemplo a los candidatos para ser la nueva señora Juanita…Aquí les cuento por que.