Después de algunos días de descanso de tanto posteo, y de pasar las penas amargas del resultado que, si bien era esperable, no es menos entristecedor, me he decidido a volver a postear para contarles un poco este camino hacia el 17 de enero.
Fui a votar convencido y orgulloso de mi decisión. Sin problemas me acerqué a la mesa, entré a la cámara secreta y por unos segundos comprendí lo importante y trascendental de ese voto por Marco que se sumaría al de casi un millón y medio de chilenos. Había decidido mejorar el país, cambiar para mejor, re-encantarme con la política, con la participación. Me acordé de mis votos históricos, y de mi terrible dualidad entre valorar a los de un “bando” y los del otro.
Me acompañó mi amigo de siempre, el que tenía clarito su voto, pero que no intentó cambiar el mio ni criticó mi “protesta”. Desde que estamos inscritos hemos ido juntos a cumplir con nuestro deber cívico, pero esta era probablemente una de las primeras veces que votamos distinto. Descubrí entonces que disentir de la mayoría no sólo es necesario en ocasiones, si no que es enriquecedor. Que al final de cuentas no todo es tan malo ni tan bueno como se nos pretende hacer creer, y que lo importante al final es separar el polvo de la paja y tener claro las razones esenciales de tu voto.
Muchos me han preguntado “¿bueno, y ahora qué?” Les cuento que estoy decidiendo mi voto aún. Si bien era altamente probable que Marco no pasara a segunda vuelta, su discurso del 13 de diciembre (que apenas pudimos ver por una jugarreta más de Frei) me enorgulleció, porque fue fiel al discurso de campaña, lo votos no se negociarían como un commodity más.
Entonces sólo queda identificar con sinceridad los motivos esenciales de mi voto en primera vuelta y esperar. Como lo dije en mi posteo “De la intolerancia a la necesidad”, estaba claro que después de un sinnúmero de descalificaciones hacia Marco, todos se pelearían sus votos recurriendo muchas veces a una especie de sobajeo hacia el elector marquista que es deprimente. Hoy vemos con sorpresa que ambos comandos han reconocido que finalmente Marco sí tenía equipos, buenas ideas, caras nuevas, algo que decir. Es triste ver cómo en la política de hoy no hay espacio para reconocer nada bueno del otro si no hasta que me es útil, eso (y hartas cosas más) tiene que cambiar de una vez!
Yo pretendo votar y no anular mi voto como algunos marquistas han propuesto. Por eso votaré por quien muestre más respeto y sinceridad respecto de ese millón y medio de chilenos que queremos cambiar el país para mejor, abriendo la puerta a más competencia, más oportunidades, más inclusión y menos, pero muchísimo menos, clasismo. Nunca antes la trillada frase “pausa reflexiva” tuvo para mí más sentido.


