Por Cristobal
Ya cumplimos un mes desde que comenzamos con este experimento de hacer públicos nuestro encuentros y desencuentros en esta elección presidencial con Isa. En este tiempo me he descubierto más a mi mismo, he logrado conocer una nueva faceta de mi señora pero lo más importante de todo, he descubierto nuevas aristas en mi relación con algunos de mis cercanos, amigos y conocidos con quienes he compartido durante mucho tiempo.
Debo confesar que en ocasiones la pasión me ha llevado a escribir de forma poco clara o que al menos ha sido incorrectamente leída por algunos de nuestros lectores. Es que quizás la pasión con que me leen les juega una mala pasada. Quizás ellos tienen la camiseta (mucho más) puesta por Frei o Piñera que yo con Marco (me cuesta trabajo creer en todo caso que se tiene un cien por ciento de coincidencias con cualquier candidato). Quizás no haber hecho publicas las razones de mi voto hasta ahora (por no haberme sentido identificado con un proyecto político), ha terminado sorprendiendo a algunos (los menos).
En lo particular, no me considero comunista, ni socialista ni tampoco comulgo con la UDI, quizás mis afectos podrian estar cercanos a la DC o a RN, lo que importa es que al final del día no soy militante. No he encontrado todavía un referente con el que concuerde totalmente. Soy cristiano pero me considero liberal en muchos sentidos, y en temas peliagudos como los derechos humanos, rechazo cualquier violación a ellos (sea en Cuba o en Chile) pero, al mismo tiempo,solidarizo con la pena de ambos bandos. En concreto, no me identifico con ningún partido. Básicamente esto ocurre por razones muy similares a las que llevaron a Marco a lanzar su candidatura independiente y acoger en su comando a ex miristas y a liberales de derecha (entre otros muchos). La nula posibilidad de que “tu sector” entienda que encuentras cosas buenas en tus adversarios. Es lógico entonces que me sienta representado por ese grupo de personas que pretenden convencer a Chile que uniendo lo mejor de cada uno podemos hacer un país tambien mejor.
En relacion con lo anterior, me ha impactado esta semana la intolerancia que han mostrado algunos diarios y políticos con Marco y lo que él representa, a pocos días de las elecciones. Me da rabia que el mundo sea visto por algunos como “o yo o el caos”. Tiendo a alejarme de juicios de valor absolutos, donde la visión maniquea de la vida sólo lleva a dividir fuerzas que debieran estar enfocadas en lograr el bien común. No creo, por ejemplo, que todos los militares sean culpables, no creo que todos los políticos roben, no creo que todos los empresarios exploten a sus trabajadores ni creo que todos los funcionarios públicos sean pencas. Hay de todo en todas partes. Lo grave es querer demonizar a un sector por que piensa distinto a mi, sin poder ver lo bueno en el otro, considerando las propuestas del otro malas, solo por que provienen de mi adversario político. Creo que la Concertación ha hecho muchas cosas buenas, pero también muchísimas malas (sobre todo en el último tiempo); me parece que la derecha ha colaborado poco con el gobierno pero no dudo que le importe el país y su gente. No creo que hayan buenos o malos libros, como pretende Piñera, ni creo en la lucha de clases, como pretende Arrate. No ando viendo el mal en los demás, como pretende hacerlo Frei con tanta regularidad en sus (poquísimas) alocuciones.
Resulta evidente que en pocos días, a medida que el 13 de Diciembre se acerque, quienes tanto han atacado a los votantes de Marco, destruyendo su proyecto, considerándolo inviable, acusandolo de naive, personalista y vacío, comenzarán poco a poco a hacer gestos de buena voluntad y a convocar a sus adherentes en torno al Senador DC (es cosa de leer la columna de este periodista concertacionista). Escalona por ejemplo (y puchas que he conocido varios Escalona en el último tiempo) ya casi no habla, no hay más “Marquito” o “este cabro”, se acabaron los matoneos y hoy lo que se escucha es la necesidad de provocar dentro de la Concertación el cambio que Marco promulga; y el tema ya se desbordó (algunos dirigentes PPD, PS y DC llaman a un cambio urgente, mientras figuras socialistas como Gonzalo Martner y Marcelo Diaz hacen gestos en favor de Marco). Si Marco no pasa a segunda vuelta, como dicen las encuestas, votantes como yo definiremos la elección y con ello el futuro de una Concertación sin un proyecto de futuro, sumida en una crisis profunda provocada por sus propios errores que muestra el desgaste de casi 20 años en el poder. Nosotros definiremos si queremos un Chile mejor o dejaremos que reine en este país la intolerancia. Los que hoy tanto critican nuestra decisión de votar por el verdadero cambio, poco a poco se nos irán acercando y considerarán que las ideas de Marco (alguna de ellas que no comparto) no eran tan locas, no eran tan imposibles. Súbitamente tendrán una epifanía y dirán que en realidad los jóvenes si pueden participar haciendo un país mejor desde los puestos más altos (aunque sus figuras emblemáticas consideren que aquello “contradice lo natural” !!!), que en la derecha no son tan fachos como creíamos, que en realidad hay varios funcionarios públicos que debieran irse, que la Contraloría hace rebien su pega y un largo etcétera. Para quienes votamos por Marco, será esencial recordar todas las descalificaciones que se han hecho a este proyecto, cada uno de los ataques personales y corporativos, para que a la hora de votar lo hagamos por quien mejor encarna lo que queremos para Chile, o dicho de otra manera, por el proyecto que de mejor manera podrá hacer efectivo el sueño de varios votantes marquistas de un Chile mejor, sin discriminación, meritocrata, con mayor igualdad de oportunidades, participativo y con mirada de futuro.
Dejar atrás la odiosa (y simplista) idea que el que no vota como yo lo hago no me aporta nada (el famoso “votar contra la derecha” en vez de llamar a votar por el propio proyecto, básicamente porque ya no convoca como antes), entender que en la izquierda y en la derecha hay buenas ideas y que no todo es blanco y negro, será la única forma que podamos juntos construir un Chile mejor. Ese es el verdadero equipo que importa tener a tu lado y con quienes trabajaría feliz por mejorar el pais. Estoy convencido que ni Eduardo Frei ni Sebastian Piñera pueden ofrecer un liderazgo desligado de intereses partidarios o empresariales para dirigir este Chile que cambió y que hoy quiere mirar al futuro, con los de allá y los de acá, aunque a algunos les cueste trabajo entenderlo.